21 mar. 2013

Sesión de Juego: 7º Mar

Nueva Sesión de la Campaña de 7º Mar.

Los personajes estaban en la Isla Bernoulli, en Vodacce, y en la partida anterior, habían acordado ayudar a los pobres comerciantes de los barrios bajos contra una especie de mafia local, dirigida por un hombre llamado Caracortada. Tras una emboscada, habían descubierto que los lugartenientes del tal Caracortada se reunían una vez a la semana para entregarle el dinero de las extorsiones a un superior, de modo que allá que habían ido los personajes a tratar de investigar.



Angelo se agazapaba entre las sombras, lanzando miradas furtivas al interior de la taberna, que estaba cerrada al público. En el oscuro callejón en la que se encontraba aquel local, sus camaradas esperaban ocultos. El noble espadachín podía ver a Carlos y a Miguel en la oscuridad de un soportal, embozados y con el sombrero calado, cargados de acero y pólvora como para enfrentarse a un ejército. Un poco más allá, se distinguía la figura de Rodrigo el otro orgulloso castellano que los acompañaba.

Angelo siguió escuchando a los hombres que estaban reunidos allí dentro. El plan era claro, esperar a que saliera el jefe, seguirlo y atraparlo. Pero cuando escuchó a los maleantes profiriendo falacias sobre él y sus amigos, notó como la sangre le hervía en las venas. No era la primera vez que le ocurría, a pesar de su educación, del tiempo pasado entre la nobleza, su corazón seguía mandando por encima de su cabeza.

No hacía ni unos minutos que había aconsejado calma a sus camaradas, y antes de que se pudiera dar cuenta, había empujado la ventana y se había encaramado al alfeizar, espada en mano. (Ay, ese maravilloso arcano Temerario…)

- ¡Embustes y falacias, malandrines! ¡Angelo di Roccanegra no va por ahí como un vulgar pirata maleante! ¡Pagaréis por vuestras ofensas bellacos!

Sus compañeros, alarmados, salieron en tropel hacia la taberna, pero no pudieron llegar antes de que el vodaccio estuviera a un tris de ser agujereado como un alfiletero. Angelo mantenía a dos malhechores a raya con su buena esgrima, pero entre la mala posición que tenía, y la habilidad de sus rivales, había sentido el beso del acero más veces de las necesarias.

Pronto estalló el caos en la taberna. Miguel y Rodrigo entraron, espada en mano, lanzando estocadas y cuchilladas a diestro y siniestro, mientras que Carlos, al entrar, cortaba la cuerda de la lámpara y se impulsaba con ella como un acróbata por toda la sala.

Durante unos segundos, nuestros héroes parecían perdidos. Angelo notaba el cansancio en su brazo, unido a la pérdida de sangre, y el asalto inicial de sus camaradas perdió impulso. Pero en el último momento, la suerte volvió a ellos.

Miguel eliminó a uno de los bandidos de un certero pistoletazo que retumbó como un trueno. Angelo fintó con la daga, y tras una parada semicircular, atravesó la garganta de uno de sus rivales con una sonrisa salvaje. Carlos y Rodrigo también finiquitaron al resto de bribones, y reinó la calma en la taberna.

Los camaradas decidieron interrogar a los dos supervivientes, ya que el líder había escapado en medio de la refriega, pero no sacaron nada en claro. Volviendo a casa de su contacto, un sastre de la ciudad, decidieron ocultarse hasta que aparecieran algunos de los mafiosos.

Mientras esperaban, fueron informados de que había llegado un navío montaignense a la ciudad. Cómo ellos buscaban un barco que los llevara a Montaigne, decidieron ir a investigar al puerto, sólo para descubrir que era uno de los navíos a los que ya se habían enfrentado con anterioridad, cuando pertenecían a la tripulación del pirata Allende.

Los camaradas pensaron pasar desapercibidos en el puerto, pero cuál fue su sorpresa cuando un hombre, acompañado de la guardia de la ciudad, se acercó a ellos y comenzó a hablarles en perfecto castellano. Se presentó como miembro de la familia Bernoulli, y estaba claro que sabía perfectamente quienes eran y lo qué habían hecho allí. Tras una breve y desenfadada conversación, se marchó, no sin antes asegurarse que los camaradas asistirían a una cena en la mansión de su padre, el Príncipe.

A pesar de estar contento por volver a su terreno, la corte y la nobleza, Angelo no pudo evitar un estremecimiento de preocupación. No era bueno atraer la atención de un Príncipe vodaccio, de eso estaba casi seguro.

Tras acudir a la mansión, los sirvientes de los Bernoulli comenzaron a adecentar a los cuatro amigos, lo cual, en según qué casos, llevó mucho más trabajo que en otros. Miguel por ejemplo, parecía otro , afeitado, con el cabello arreglado y vestido con lujosas ropas. Pero muy pronto se empezaron a ver los verdaderos motivos de su presencia en el palacio.

Mientras estaban en sus aposentos recibieron la visita de uno de los hijos del Príncipe, que quiso contratarlos para que lo protegieran de un atentado que se iba a cometer contra su persona esa misma noche. Ante la visión del dinero, se apresuraron a aceptar, mas no todo iba a ser tan fácil, y pronto tuvieron un primer contacto con las intrigas vodaccias.

Todavía no habían pasado ni unos minutos de la partida del vástago Bernoulli, cuando otra persona, probablemente su hermano a juzgar por su parecido, les ofreció otro trato. Les pagaba una exorbitante suma de dinero si su hermano era asesinado. Además, el pérfido conspirador, dejó una prenda de ropa en la puerta, que Angelo reconoció al instante, puesto que él mismo se la había dado a la mujer de la que provenía. Era una prenda que llevaba su amada y a la vez odiada Sophie, lo cual constituía un claro chantaje.

¿Qué harán nuestros héroes ahora?

1 comentario:

Pablo Valencia Gil-Ortega dijo...

Buenas tardes,

Veo que jugáis con mucho interés a 7ºmar. Mis amigos y yo antes también jugábamos mucho pero, con el paso de los años y la llegada de los hijos, no tenemos tiempo para jugar. Tengo casi todos los libros de 7ºmar, en español e inglés.

Por una entrada en el blog SPQROL del año pasado buscabais libros. Si todavía estáis interesados en disponer de la colección completa, poneos en contacto conmigo (pablo_akela@hotmail.com). Puedo pasaros fotos de los libros. Están forrados y en perfecto estado de conservación.

Un saludo