28 dic. 2008

Problemas en Siracusa

Ayer comencé a jugar una partida de rol ambientada en la Antigua Roma, con las reglas del juego Arcana Mundi. Tengo intención de ir colgando el desarrollo de las partidas que juego, pero relatadas como si de una novela se tratara.

A continuación comienzo a postear el Capítulo Uno.


Problemas en Siracusa

Capítulo 1


“El enorme bárbaro alzó su espadón por encima de su cabeza, su hercúleo cuerpo ocultando la luz del sol, vociferando insultos en su idioma y lanzando espumarajos de furia por la boca, intentando amedrentar al joven que le aguardaba en formación. Éste, tal y como había sido adiestrado, afianzó los pies y levantó el recio escudo cuadrado, esperando el golpe.
Pero nadie lo había preparado para esto. El impacto fue brutal, el guerrero sintió como si el hombro fuera a desencajársele en cualquier momento, pero aún así, apretó los dientes y contraatacó lanzando rápidas estocadas con su gladius.

Notó como el acero hendía la carne, pero fue sólo una herida superficial. El bárbaro dio un paso atrás, bramando de furia, y reanudó su ataque. Un golpe, y otro, y otro más. La enorme hoja de acero se clavaba cada vez más en la madera del escudo, y el guerrero romano era consciente de que no aguantaría mucho más, debía tomar la iniciativa o perecería.

El polvo, levantado por docenas de pies en combate, le hacía llorar los ojos, se metía por su garganta y apenas le permitía respirar. Durante unos momentos de incertidumbre se le pasó por la cabeza arrojar las armas y huir. Pero entonces sintió a sus camaradas junto a él, hombro a hombro, escuchó el grito de los centuriones dirigiendo a las tropas, y en la periferia de su visión, percibió al Aquilifer, el símbolo de la legión, ondeando desafiante el estandarte ante las fuerzas enemigas, y en ese instante recuperó la determinación.

Cuando el bárbaro levantó de nuevo su arma, el legionario avanzó un paso rápido, golpeando con el escudo el fornido cuerpo enemigo, lo justo para desestabilizar su ataque, y sin darle tregua clavó una y otra vez su arma en el cuerpo del rival. La punta ancha del gladius perforó con facilidad la carne desprotegida, probablemente alcanzando puntos vitales. Con un gemido, el bárbaro cayó al suelo como un fardo.

Pasaron varios segundos, y una breve tregua se estableció en el campo de batalla. En ese momento, Cayo Cornelio Falco, Tribuno de la Legión, lanzó un grito ronco, y toda la legión se lanzó al combate…”


El hombre volvió a la realidad, contemplando ante sus ojos los posos de vino que quedaban en su vaso de barro. Aún podía escuchar en su mente el sonido del combate, pero poco a poco los recuerdos se disiparon.
De un trago acabó con lo que quedaba de su bebida, y lanzó una mirada a su alrededor. La taberna era una de las más famosas de toda Siracusa, y él era uno de los dueños. Taberna, lupanar y termas, todos los servicios en uno, y una gran fuente de ingresos, pero para Falco no era sino una forma de ir liquidando deudas, de contentar a los múltiples acreedores que su padre le dejó en herencia.

Escuchó una voz conocida en las puertas de la taberna, así que, anticipando un negocio interesante, se levantó y se dirigió a la salida.

3 comentarios:

Stanislav Darinok dijo...

Pues como ya te he dicho en el foro de Sedice, un relato que tiene muy buena pinta. Me ha dejado con ganas de más ;)

Saludos.

Adrián T. Rodríguez dijo...

Ave
Un micro-relato evocador. Es agradable de leer. Me gusta como está narrado el recuerdo de este veterano retirado –aunque el alma y los recuerdos nunca se retiran, algo queda para siempre en el campo de batalla…-.
En espera de más;).

Alsharak dijo...

Gracias por los ánimos! desde que pueda continúo con otra parte, que estas fechas son malas jaja.

Gracias y saludos