8 may. 2009

Entre las Sombras (Parte 1)

¡Saludos a los Viajeros!

Como dije un par de entradas atrás, voy a postear la primera parte de la campaña que estoy dirigiendo, ambientada en un mundo propio. He aprovechado para practicar mi "técnica de escritura" y he narrado este encuentro más como una novela o relato, que como crónica de la partida, pero bueno, espero que se entienda.

No me machaquen mucho, que apenas lo he podido revisar, porque lo escribí en los tiempos muertos del curro.

Saludos


Entre las Sombras (Parte I)

El sol comenzaba a asomar entre los nevados picos del este, lanzando sus rayos sobre la pequeña aldea construida al lado de un arroyo de aguas cristalinas. Unos tañidos rompían la quietud del alba, un sonido lo suficientemente alejado como para no despertar a los vecinos de Aguasclaras, que aún disfrutaban del cálido abrazo del sueño.

Cuando la luz de la mañana cayó sobre la pequeña forja, situada a varios centenares de metros de las casas vecinas, el fornido hombretón que se afanaba sobre el yunque cesó de golpear. Soltó el martillo en el suelo, y con unas grandes tenazas, sumergió el metal incandescente en una cuba de agua fría.

El líquido siseó y barboteó, expulsando una intensa nube de vapor, que al disiparse reveló la pretérita forma de una hoja de espada. Con una enguantada mano, el herrero se secó el sudor que perlaba su frente, apartándose los cabellos negros de delante de sus ojos, sin poder evitar una sonrisa de placer al contemplar la evolución de su trabajo.

El hombretón, de nombre Joram, se quitó el mandil de cuero y los guantes, colgándolos sobre un oxidado gancho clavado a una de las vigas de madera. Con paso tranquilo salió al exterior, notando el frío de la mañana en contraste con su piel ardiente, y alzando un cubo lleno de agua, se lo arrojó encima, aliviando su calor y despejando su agotada mente.

Había trabajado durante toda la noche, y el cansancio comenzaba a hacerse notar en sus doloridos músculos, pero era la única forma de terminar el trabajo. Al vivir en una aldea tan apartada de la ciudad de Khyne, el Hogar de los Sabios, dónde se reunían los más importantes miembros de los Gremios Obreros de Kaldria, tenía que aprovechar en las ferias semanales que allí se celebraban para vender sus productos.

Tras beber un poco de agua, que se llevó la sequedad de su garganta, se preparó para continuar con el trabajo, pero un sonido familiar le llamó la atención. La forja estaba construida cerca del sendero que conducía a la aldea, de forma que todos los viajeros que recorrían ese camino, pasaban por delante de ella.
Y aquel sonido, sin duda emitido por los cascos de un caballo, indicaba la llegada de un madrugador viajero.

Por uno de los recodos del sendero apareció un jinete, guiando un hermoso corcel de color gris oscuro, de largas zancas. El que lo montaba era un hombre alto, de cabellos rubios y mirada penetrante, que cabalgaba con porte erguido, sujetando las riendas con la siniestra. Sobre la cota de mallas que tintineaba levemente a cada paso de la montura, vestía una sobrevesta gris, con un pequeño símbolo a la altura del corazón, un dragón con las alas extendidas, bordado en hilo dorado.

Joram aunque intrigado, no se sorprendió de la presencia de un Caballero del Dragón en Aguasclaras, a fin de cuenta, el sendero que atravesaba el pueblo se unía al camino real que llevaba al Alcázar del Este, uno de los bastiones más importantes de la Orden.

- Buenos días, maese herrero -saludó el recién llegado, con una inclinación de cabeza-¿Sabéis dónde puedo echar un trago por aquí? Tengo la garganta llena de polvo del camino…




-¡¡Os lo juro, cayeron sobre el pueblo como una jauría hambrienta!! - la cascada voz del anciano fue ahogada por las carcajadas que resonaron en la atestada sala de la posada.
-¡¡No os ríais, malditos!! -exclamó el viejo campesino-Yo estaba allí cuando ocurrió todo.

El Viejo Oddar, el más anciano del lugar, con casi noventa años a sus espaldas, contaba tal y como había hecho cientos de veces, el último ataque que Aguasclaras había recibido por parte de los habitantes de las Tierras Muertas, pero el resto de vecinos, mucho más jóvenes, se lo tomaban a risa.

El Iniciado, que se había despojado de los atavíos de su Orden y se encontraba sentado en una desvencijada silla de madera, no pudo evitar esbozar una sonrisa, al tiempo que tomaba algo de vino, rodeado de campesinos curiosos que le hacían innumerables preguntas sobre los acontecimientos del Reino.

Joram, sentado un par de asientos más allá, apoyaba los pies sobre la mesa al tiempo que apuraba el último trago de cerveza. Se había hecho tarde, y al día siguiente tendría que madrugar si quería terminar su trabajo, así que con un largo suspiro, se puso en pie y se despidió de los parroquianos.

Al salir al exterior, inspiró profundamente, llenando sus pulmones de aire puro, y se encaminó hacia su hogar, sumergiéndose en los sonidos de la noche. Mientras caminaba, silbaba entre dientes una vieja tonada infantil, completamente despreocupado.

De pronto, una extraña luz a su izquierda le llamó la atención. Se detuvo, escudriñando las profundidades del bosque, intentando descubrir que había sido aquel repentino fogonazo, cuando se volvió a repetir. Una vez, y otra más, en diversos puntos en el interior de los árboles.
Antes de que pudiera reaccionar, la noche se cubrió de fuego. Primero fue una, pero a esta primera la siguieron muchas más. Proyectiles ardientes que comenzaban a clavarse en las casas de la aldea, ardiendo fácilmente al contacto con la madera.

Paralizado, Joram no pudo hacer otra cosa que contemplar cómo unas figuras sombrías, oscuras como la misma noche, se deslizaban entre la vegetación en dirección al pueblo.

5 comentarios:

Specter dijo...

Me gusta ese Caballero del Dragón... es... místico, fantastico, satirico, psicótico.. jajaj

Mola mola, el lenguaje soberbio, la fluidez notoria, poco para decir que engancha, pero si sigue a esta altura, puede ser un relato muy muy bueno...

Por cierto, pa cuando la proxima?

Un saludo

Specter

Alsharak dijo...

Yas no se notó, que era tu personaje y tal... también obviaré que eres mi amigo, así que si quito el peloteo y demás, pues se queda una mierdilla de relato jajaa.

En breve pongo la segunda parte, que es la acción...

Zanzíbar Kane dijo...

Mola lo gay que parece mi pnj. Agüita fresquita por encima del cuerpo sudoroso, mmmmmm, jeje, mola. A ver si continuamos con la partidita XD

Javier Pellicer dijo...

Yo no puedo decir mucho sobre campañas de rol, no he jugado nunca a una partida (excepto algunos juegos de PC como Baldur's Gate, cuando era más chaval). Sin embargo, me parece que es un caldo de cultivo genial para iniciarse en la escritura fantástica. Un ejercicio que impulsa la imaginación. Bueno, los autores de Dragonlance comenzaron haciendo partidas de rol, y luego se forraron con los libros.

Se os saluda desde Tierra de Bardos...

Alsharak dijo...

Hombre, yo no es que me considere un buen escritor (de hecho, ni siquiera me considero escritor jeje) pero la verdad es que los de la Dragonlance, económicamente hablando, les ha salido genial!

Yo utilicé la partida más bien para practicar, aunque luego esté escribiendo la novela por otro lado...

Saludos