18 ene. 2014

El Reino de la Sombra AP 1: La Biblioteca de Xanor

Comenzamos la campaña utilizando el manual del Reino de la Sombra, pero ambientando las partidas en un mundo de mi invención, convenientemente retocado para darle un toque más "old school". 



LA BIBLIOTECA DE XANOR

El día amanecía nuboso en el Reino Libre de Asgarón, cerca de la Cordillera del Infinito. El serpenteante sendero acogía a un grupo dispar que, a juzgar por su aspecto avezado, no podían ser más que mercenarios.

Abría la marcha, sinuosa como una serpiente, Maya, una elfa oscura que ocultaba su hermoso pero frío rostro de ébano con una capucha. A unos pasos de ellas, vigilando el entorno pero sin quitarle un ojo de encima a su enemiga racial, Itharyel el elfo.

Fyrian el Intrépido, un atractivo semielfo de eterna sonrisa caminaba tras la elfa sin perder detalle de su trasero, mientras jugueteaba con la empuñadura de su estoque. A su lado, el espigado y misterioso mago, Antarius Dorozan. Y cerraban la marcha los pesados pasos de Relikki Piedraoscura, un fornido enano, duro como la roca.

Todos habían recibido hacía un tiempo una misiva, en la que un antiguo miembro de la compañía de mercenarios a la que habían pertenecido, la Legión Negra, solicitaba sus servicios a cambio de un jugoso botín. Dicha misiva emplazaba a los mercenarios en el pueblo de Rocavalle, un asentamiento rural en las faldas de las montañas.

En cuanto llegaron a Rocavalle, rápidamente se acercaron a la pequeña posada, la Cabra Coja, donde la Vieja Elga, la matrona que regentaba el local se apresuró a atenderlos mientras lanzaba miradas envenenadas a Fyrian, que hacía guiños a sus nietas, las cuales observaban desde la cocina.

Allí, un anciano los saludo, sorprendiéndolos al darse cuenta que, aquel hombre ajado por la edad, no era otro que Kaledor, el mago que había solicitado su presencia allí, con la diferencia de que, en lugar de aparentar la treintena de años que debería tener, ¡aparentaba setenta!

Kaledor les puso en antecedentes. Al parecer, cuando la Legión Negra se desbandó, él junto con su mentor, Valerion Varanegra, viajaron al continente del sur, Har Addah, en busca de conocimientos perdidos. Pero su viaje se truncó cuando se enfrentaron a una entidad que escapaba a su poder y entendimiento, quedando a partir de ese momentos malditos con una extraña enfermedad, que iba tornando su carne negra y rígida, además de haciéndolos envejecer rápidamente.

Valerion y él, estaban tratando de buscar la cura para su maldición, y habían oído hablar de la Biblioteca de Xanor, unas ruinas que antaño fueron una vasta biblioteca de conocimiento esotérico. A dicha biblioteca había partido Valerion. Eso fue hace meses, y no había vuelto a saber nada de él. Ahora, había acudido a sus viejos camaradas para que lo llevaran hasta las ruinas para saber el paradero de su mentor, y buscar dicha Biblioteca.

Tras acordar el precio, económico la mayoría, y en especie otros (Kaledor prometió entregar un libro de hechizos a Antarius si conseguía su misión), partieron hacia las montañas guiados por un montañés local, un joven tosco llamado Torg.

El primer día de marcha fue sin problemas. El segundo, ya entre las nieves de las montañas, transcurrió sin ningún problema adicional a un leve enfriamiento por parte de la elfa oscura, al menos hasta que se desató una furiosa tormenta de nieve que apenas los dejaba avanzar.

Atados mediante cuerdas, Torg les decía a gritos que tenían que buscar un refugio. Al final, se arracimaron alrededor de una pequeña hoguera, apenas cubiertos del viento y trataron de descansar.

Durante la guardia de Fyrian, a éste le pareció escuchar, entre los aullidos del viento, algo más. Sin dudarlo un segundo, despertó a sus camaradas, y pronto los agudos oídos del elfo confirmaron que había aullidos en la oscuridad.

Los mercenarios se prepararon para defender sus vidas, y Maya avanzó un par de pasos entre la ventisca, tratando de ver algo. Un lobo enorme, del tamaño de un poni, saltó sobre una roca gruñendo amenazadoramente. Huargos.

Pronto estalló el caos. Gruñidos y aullidos se entremezclaban con el sonido del viento, mientras la compañía luchaba.

Maya disparó su ballesta contra uno de los huargos, y esquivaba las dentelladas de otro con agilidad. Fyrian lanzaba tajos a diestro y siniestro con su estoque y su daga, sus manos convertidas en una tormenta de acero, mientras Itharyel lanzaba flechas desde la distancia, pero debido al viento, no tan certeras como era habitual.

Con un grito de batalla, Relikki avanzó entre la nieve y lanzó un tajo vertical que abrió el cráneo de uno de los huargos. (Herida Grave que, tras la tirada de Fortaleza dejó al huargo moribundo) y Antarius y Torg apoyaban en el combate.

El combate fue encarnizado. Maya pudo comprobar que la suerte no estaba de su lado cuando resbaló inoportunamente ante las fauces del huargo (Pifia en Acrobacia, como siempre, Rodrigo rompiendo las barreras del azar), mientras que otro huargo arrancaba la daga de las manos de Fyrian. Relikki consiguió derribar a otro huargo, pero inexplicablemente, ni él ni Itharyel consiguieron rematarlo a pesar de tenerlo en el suelo a su merced. Un cántico arcano resonó en la montaña, y unos proyectiles mágicos impactaron en el lomo de otro huargo, chamuscando carne y pelo.

Poco a poco, la balanza del combate se iba decantando hacia el lado de los compañeros, pero con demasiada lentitud. Quizá no las tenían todas consigo, hasta que Antarius decidió que ya era suficiente.

Con voz estentórea, pronunció las palabras arcanas que le permitirían invocar el relámpago que le había valido el sobrenombre del Señor del Rayo, y la oscuridad de la noche se rasgó cuando un relámpago atravesó a dos huargos dejándolos muertos sobre la nieve. (Criticazo espectacular en la tirada de ataque para dirigir el rayo y tirada bastante mala de Fortaleza de los huargos) Como si fuera una señal, los pocos lobos supervivientes salieron huyendo.

Tras descansar el resto de la noche, al día siguiente llegaron a su destino. Las ruinas de la Biblioteca de Xanor. Según los conocimientos de Antarius, en aquel lugar había ocurrido algún tipo de desgracia y la gente evitaba acercarse a las ruinas.Pero las supersticiones no eran para ellos, así que los elfos se acercaron a explorar. Gracias a los sentidos de Itharyel, pudo avisar justo antes de que un grupo de desharrapados montañeses tratara de emboscarlos.

Los primeros asaltos fueron tensos ya que los elfos estaban siendo superados en número, pero en cuanto llegaron sus camaradas la cosa cambió. Sobre todo cuando Relikki decapitó a un montañés de un tajo de su martihacha. Los mercenarios decidieron que el “hechicero de la torre” les pagaba poco para dejarse las tripas en esas ruinas, y salieron por piernas de la zona.

Así que por fin se hallaban ante la torre en ruinas. Nuevamente la aguzada vista del elfo evitó que la drow activara una trampa, de modo que avanzaron por un pasillo para encontrarse en una gran sala donde les esperaba Valerion Varanegra con la mitad de su cuerpo consumido por la maldición… ¿o no era Valerion?

Tras hablar con él, pronto quedó claro para los héroes que el cuerpo del mago había sido poseído por el antiguo dueño de la torre, Xanor el Hechicero. Éste, les dejó claro que no tenía intención ninguna de luchar. Acababa de quedar libre después de siglos de “encierro”, así que, si se marchaban de allí, no tomaría represalias.  (Momento de tensión en el que los jugadores estuvieron a punto de dejar tirado a Kaledor, pero al final, decidieron luchar).

Itharyel lanzó una flecha que quedó desintegrada por el hechizo de protección de Xanor, el cual dijo una palabra de poder y activó cuatro constructos bajo sus órdenes, armaduras animadas con magia que atacaron a los héroes.

Mientras trataban de dañar infructuosamente a las armaduras, Kaledor lanzaba un proyectil mágico a Xanor que lo dejó bastante herido (tres dados de cuatro y ¡cuatro en los tres! ) y hacía que el hechicero huyera escaleras arriba, hacia su laboratorio.

Antarius volvió a demostrar el destructivo poder de su magia, invocando un relámpago que reventó a dos armaduras, y mientras el enano y el semielfo entretenían a las dos armaduras restantes, el resto de héroes subía las escaleras tras el hechicero.

Maya fue la primera en llegar, justo a tiempo de ver como Xanor prendía fuego a algún tipo de producto alquímico. No fue lo suficientemente rápida, y el fuego prendió sus ropas, quemando su piel. Aun así, se sobrepuso al dolor, y utilizando su capacidad hipnótica innata, dejó inmovilizado al hechicero (aptitud sortílega Inmovilizar Persona, con un 6 o más en el dado de 20, no le afectaba. Obviamente, fallé) lo justo para que Itharyel que venía tras la drow, lo ensartara. (Criticazo al canto).

Al morir Valerion, una onda expansiva surgió de su cuerpo, lanzando por los aires a los héroes. Las armaduras, tras la muerte de su creador, se desmoronaron en el suelo, y llegó el momento de recobrarse de las heridas.


¿Qué encontrarán nuestros héroes en la Biblioteca de Xanor?

3 comentarios:

Yeray López dijo...

Genial el resumen dani!!!!

Con ganas de seguir

Anónimo dijo...

Muy buena narración de una mejor partida.... y que sean muchas más las que la sugan!!!

Fdo: Relikki PiedraOscura

Daniel Alsharak dijo...

¡Gracias por comentar chavales! Me alegro que lo pasarais bien, la verdad que el puntillo d&d/nostalgia mola jaja.